
DE QUE NADA SE SABE
La luna ignora que es tranquila y clara
y ni siquiera sabe que es la luna;
la arena, que es la arena.
No habrá una cosa que sepa que su forma es rara.
Las piezas de marfil son tan ajenas al abstracto ajedrez como la mano que las rige.
Quizá el destino humanode breves dichas y de largas penases instrumento de otro.
Lo ignoramos;
darle nombre de Dios no nos ayuda.
Vanos también son el temor, la duda y la trunca plegaria que iniciamos.
¿Qué arco habrá arrojado esta paeta que soy?
¿Qué cumbre puede ser la meta?
J. L. Borges
