
¿Y si muere la noche para siempre? Me perdería resplandecientes madrugadas y no pensaría como hoy, como esta noche, si mañana te pensaré o te encontraré y mucho menos soñarían mis ojos con tus ojos, como esta noche la haré y como lo hice ayer.
¿Y si el hoy no fuera nunca posible? Imaginaría un mañana soñando eternas madrugadas, pensaría que la luna nunca sale en mi ventana y el cielo tiene recuerdos de estrellas caprichosas que no quieren salir en mis fotografías. Haré de cuenta que hoy podrá ser hoy, solo por esta vez.
Pero claro está que el hoy se acaba, y el manto celeste se torna a un negro azulado, a un cielo pesado que cae sobre los hombros y debemos soportarlo y levantarlo para no quebrarnos. Al caer la noche encima nuestro las rodillas tiemblan, el aire corta la cara y como escarcha en el césped se ven los dolores expuestos y reflejados en las vidrieras de nuestros ojos, nuestros ojos que están esperando un nuevo día.
Puede aun esperar. Sé, no le adeudo nada a este negro azulado, el frío ya caló mis rodillas, la helada corto mi pelo y acaricié el dolor en alma. No quiero ganarle nada, solamente pintar unos verdes claros, un celeste cielo, los patos volando al río, unas calurosas noches para quitarse la piel en verano, un viento campaneando las hojas iría construyendo melodía en mi árbol. Las estrellas no las doy, quiero mi cielo abovedado donde amar el silencio cristal que me van dando. Y en esas nubes de estrellas voy a pintarme a su lado, entonces si la noche me cae encima, tendré en sus ojos reflejados en los míos, mi propio negro azulado.
Nada te debe el invierno, si este es moroso de sentires y amores, amores más profundos que el mismo amor. Nada te debe el frío si es el culpable de extinguirnos cuando cae la noche aplastando las melodías que la nombran. Las estrellas no puedo reclamarlas. Eran mías pero las regale junto a la luna que se posaba sobre un lapacho. El follaje del lapacho sigue cantando su nombre y si bien a veces pienso en su color rosado y verde, es de noche, está oscuro y su color melodioso se tornó negro.
Entonces es él que le canta, entiendo porque busca su luz en la noche y no logra hallarla. Aunque mil noches abriguen su follaje nunca se dejará ver negro, sabe que se sentiría más cruel que un invierno sin nieve. Quizás se entregue a causa de su tristeza y se deje ser fuego, así es como lo prefiere antes de resultarle invisiblemente sorda su correspondencia. Vil engaño el robarle estrellas, donde estén no brillaran como lo hacían antes. Solamente podrán tomar su leña caída cuando haya cedido por amor, lo verás consumirse lentamente en rojo intenso. Sospecha frenar el frio invierno y las melodías de las llamas los reúnan anónimamente. Nunca será tarde ya que el viento no tiene tiempo. Aunque sea dibujándose en cenizas, continuará Lapacho y grabado tendrá su nombre en fuego.
Y con el tiempo, la noche me va trazando un camino, un camino de horizonte incierto ¿de qué sirve seguir la ruta sin un sextante, o un astrolabio para saber bajo que cielo estoy andando? Sólo encuentro huellas que indican por donde he pisado. Huellas que ni el viento sin tiempo, o el propio tiempo es capaz de borrar. Huellas que son las líneas y espacios de la sinfonía que compongo a diario y donde su nombre es la clave y tonalidad de la partitura. Y es su rostro el que lleva la melodía por caminos que nunca ha conocido y su voz la armonía que otorga los matices, desde el Crescendo al Perdendosi, desde el Adagio al Prestissimo.
Nunca he sabido bajo que cielo voy creciendo, ni que flor le corresponde a cada estación. Dicen que a Mayo le pertenece una rosa. Mi corazón es pobre y ciego, no conoce de partituras. Tampoco sabe de matices. Simplemente sueña en quien lo abrace y distinga algunas notas, pasiones o claves. Tomaré esas composiciones, haré míos los horizontes inciertos que nombras, posiblemente mi alma imprudente encuentre las notas que has escrito en su nombre, y consiga robarte en música de piel y alma. Para aquellos cielos que navegas, sin duda rogaría un astrolabio, para construir en el cielo de Aries, de Escorpio o de Acuario un castillo de naipes y, dejar allí abandonado mi amor en tus manos. Permanece persistente amor. ¿Por qué intentar borrar huellas? Si cuando se ama se bordan deseos en canciones de amor, con la certeza que se han amado en ellas. Se talla un hogar como refugio, y se tejen combativas caricias en un poema. No te detengas. Solo así sabré que vas un paso adelante. Tengo los ojos en lágrimas. Emocionada me he quedado andando esos caminos que detallas. Me pregunto si inexorablemente buscarías un sextante, cuando elijo quedarme en ti y mirándote a los ojos me confieso en un te amo.
Que burla decir que no sabemos nada de matices, partituras y armonías, si somos nosotros mismos cada partícula del grafito que traza las figuras del pentagrama. Si el arte es la expresión estética de lo emotivo, es evidente que arte, somos nosotros mismos, cuando estamos juntos, cuando estamos lejos, cuando miramos el mismo cielo y pisamos el mismo suelo. Sobre este suelo, voy un paso adelante, sentirás mis huellas y yo escuchare tus pasos, anhelando sentirlos cada vez más cerca, cada vez más a mi lado. Es entonces cuando sabré que jamás debo detenerme y que las estrellas que te había regalado, brillarán con más fuerzas, formarán nuevas constelaciones y nos contarán en donde estamos y hacia dónde vamos. Con un regocijo en el alma y humedad en nuestros ojos, seguiremos con un rumbo, pero esta vez, sin nudos en el pecho. Ahora con tu mano en la mía, nacerán las canciones más bellas, todas estas canciones tendrán tu nombre entreverado en su historia.
Suena. Viene de lejos. Espontanea brisa de verano en pleno invierno. Me acaricia. He descubierto que las estrellas eran mías. Me sueña. Despertare en mitad de la noche recordando ese compartido somos y añorado a mi lado. Nunca imagine recibir este presente, emocionada al leerlo, escucharte cantarlo se me completa el alma. Pensar que te miras escuchando mis pasos, naciendo en canciones me pierdo. Donde estaremos en algunos años sino compartiendo lo más simple que tenemos y desesperadamente extrañarnos cuando nos alejamos. Es probable que me lean extraños, al final verán mis sentimientos y se preguntaran por donde andará aquella noche primera, la que moría en tus manos. Que fortuna mi instinto que siempre atento sabe de atajos, abandonó mi nombre en un titulo, sin hojas, sin letras, sin notas y, sin instrumentos, se interesa en lo que soy y no en lo que tengo, que me ha dicho “para que darle vueltas innecesarias si cuando se ama se ama, vive simplemente en el comienzo”. …Silencio suplico. Mi corazón ha huido en mi total descuido. No quise ser burla y me avergüenzo, acaso te ha escuchado y se fue contigo. Si toca a tu puerta o lo ves perdido, te ruego, dile que lo necesito, que no seré cobarde como lo he sido, que no es ni pobre ni ciego, que lamento en el alma deberle en causa, en arte y motivo. Préstame tu corazón que sin él no vivo, al menos por esta noche, prometo, prometo devolverlo.
Volvería a cantarte en cada momento, no quiero ni un cuarto de minuto en silencio, si cada segundo puedo cantarte elevando con gozo, un grito al cielo, junto a mi guitarra que rompe el silencio, mi guitarra que te abraza y te dice cuanto, ¡Cuánto te quiero! Si este canto mío te llena el alma, es porque en sus acordes, te entrego la mía, que se amalgama con la tuya, trenzando emociones que siempre existieron, que siguen encendidas pero nunca se atrevieron. No quiero vivir nuevamente la leyenda de Irupé. Esta vez sí quiero tocar la luna, la alcanzaré, la pondré en mi ventana, le declararé el amor que siento y junto a ella te escribiré nuevas canciones. En cada canción te entrego mi corazón, agradezco que me lo devuelvas para poder dártelo nuevamente, continuamente, eternamente.
¡Cuanto te quiero! en cada palabra produces belleza. Intento escribir y no puedo. Tu corazón, como explicarte, no voy a devolverlo. Créeme, yo no lo retengo, me implora para no regresar. No le he prometido nada a mi favor. Me ha dicho "soy como poema anónimo sin dueño jamás pero en tus cabellos me quiero enredar. él no me necesita porque tiene cariño de más". El mío ha regresado ayer como compensación te lo puedo dar. Cuenta con la luna desde que nació así que no tiene la enfermedad de Irupé. Y si reclama regresar conmigo ¡Mientele! Dile que te lo regalé cuando se fue. El plan es el siguiente: en algún momento de la canción intercambiarlos sería una opción. En caso de que no resulte, sin que lo noten resolvemos un plan B.
Manuela
M.J.
La naturaleza no espera a que deje de llover,
aprende a caminar bajo la lluvia y
la colorea en el mismo instante.
Manuela
